Cada vez que miramos la vida de quien no esta, hacemos juicios sobre como la paso, muchos dirán tuvo una vida dura, fue feliz, vivió poco o mucho, etc. Pero ¿cómo podemos decir con tal precisión como fue la vida de otros si en vida jamás se lo preguntamos? ¿Son suficientes las risas para medir la felicidad? ¿o las lagrimas para medir la pena? ¿o los años para medir el tiempo?
Anoche se fue alguien muy especial para mi, el ultimo día de la primavera se llevo a ese ser con quien compartí muchas momentos de mi vida. Y entonces comenzaron los juicios sobre lo bien o mal que estaba, sobre lo feliz que vivió, que estaba viejita, cansada, sin ganas de seguir, etc.
Hasta hoy lo único que tenemos para sobrellevar la muerte, es la fe. Pero ¿qué pasa al otro lado? Independiente de las creencias de cada uno, nadie lo sabe. Sólo se puede suponer algo, por ello creo que casi nadie quiere morir. Todo lo que podamos pensar se vuelve poco relevante al momento de la muerte. Entonces me pregunto ¿qué es lo que realmente nos importa? Después de profundizar en este cuestionamiento, deduje, sin tener la certeza de estar en lo correcto, que lo único que importa es en que influyo su vida cuando se conecto con la nuestra. Desde ahí podemos hablar con total propiedad, lo que sentimos, lo que recordamos, lo que vivimos. Es nuestro mayor tesoro, el pedazo de ellos que se queda con nosotros. Todos van dejando algo en la vida, nosotros mismo influimos en el resto, de buena o mala manera, aportamos para la vida colectiva. Por ello, creo que lo más sensato al momento de hablar de alguien que ya no está, es decir todo lo que nos pasa con ese pedacito de ellos en nosotros. Por todo esto puedo decir que la Shifú me dio muchas alegrías.
